domingo, 25 de marzo de 2018

PREMIO DÍA MUNDIAL DEL AGUA 2018


Discurso en la entrega del Premio Día Mundial del Agua 2018 del Gobierno de Castilla-La Mancha. Luis Francisco Turrión Peláez, 22-03-2018.

En primer lugar, quiero agradecer muy sinceramente al Gobierno de Castilla-La Mancha el premio Día Mundial del Agua 2018 a la Investigación e Innovación que me ha concedido por mi trabajo publicado por Greenpeace “La trama del agua en la cuenca del Segura, diez años después”.



Pienso que la concordia es la base del progreso social y económico de los pueblos. Y ese progreso debe partir del acuerdo en la preservación del medio ambiente y de los caudales naturales de los ríos. Por tanto y en mi opinión, hacer que el desarrollo de una cuenca hidrográfica dependa del agua fluvial de la de otra, hasta esquilmar temporalmente este recurso tan vital en su zona de cabecera, me parece no solo un error político sino además, y como explicaré, un error técnico. Me refiero al trasvase Tajo-Segura.

En efecto, desde finales de los años 60 -y con más claridad desde los 70- se sabía que el trasvase Tajo-Segura no era necesario. Pues utilizando los recursos naturales renovables de aguas subterráneas de la cuenca del Segura, las nuevas zonas de riego previstas podían ser atendidas con esas aguas subterráneas. Aguas que, y según estudios del IGME y del IRYDA, se estaban drenando de forma subterránea al mar y a otras cuencas hidrográficas. 

Los propios autores del Anteproyecto del Trasvase Tajo-Segura, ya advertían en 1967 del potencial de las aguas subterráneas que tiene la mitad norte de la cuenca del Segura. Algo que estaba resultando ser un problema para justificar dicho proyecto. “El problema hidrogeológico de La Mancha” lo denominaron en dicho documento.

Pues y según sus cálculos, en la zona de La Mancha había un volumen anual muy importante de agua de lluvia no evapotranspirada que no se veía fluir por los ríos y que, de forma subterránea, se debería estar yendo al mar.

Esta hipótesis ha sido confirmada recientemente por la Universidad Autónoma de Barcelona mediante el uso de isotopos de Radio. Según este estudio de 2015, el flujo de agua subterránea del continente al Mediterráneo puede llegar a ser de hasta 15 veces superior al de los ríos.

En el informe publicado por Greenpeace creemos haber demostrado que haciendo bien los balances del ciclo natural del agua en la cuenca del Segura, ese flujo subterráneo de agua al mar pude ser de más de 500 hm3/año. Por tanto, cuando se introduce este otro componente de los recursos naturales en dicho balance y lo sumamos al agua desalada prevista obtener, comprobamos que la cuenca del Segura no es deficitaria sino todo lo contrario, pues tiene un superávit anual de 200 hm3/año y sin contar con el agua del trasvase Tajo-Segura. Y todo ello, considerando el total de las demandas actuales y de las previstas hasta 2033 en su vigente Plan Hidrológico.

Demandas de agua que no han dejado de crecer en nuevos regadíos desde que en diciembre de 1986 se prohibieran “de facto” las ampliaciones de regadíos en la cuenca del Segura en virtud del todavía vigente Real Decreto-Ley 3/86. Desde entonces y hasta hoy, se estima que unas 60.000 nuevas hectáreas de riego se han implantado sin el preceptivo amparo legal.

Mientras, las nuevas concesiones de agua han sido sistemáticamente denegadas a los pequeños agricultores y empresarios en base a ese supuesto y erróneo “déficit estructural”. Ni tan siquiera se han permitido los pozos de menos de 7.000 m3/año (previstos en la Ley de Aguas) para pequeños regadíos y para mantener cultivos de leñosos en las zonas del interior de la cuenca. Precisamente allí es donde más necesarias son las políticas que fomenten el desarrollo rural para frenar la despoblación. Algo que, por el contrario, sí se ha posibilitado en el resto de cuencas hidrográficas durante estos más de 30 años.

Mientras a unos (a la mayoría) y en base a ese falso déficit, se les niega el agua con artificios contables y prohibiciones normativas plasmadas en los sucesivos planes hidrológicos, a otros se les consiente que dispongan del agua de todos para ampliar grandes extensiones de regadío.

Esa es, en nuestra opinión, la “trama del agua”: hacer creer a la ciudadanía que la cuenca del Segura no tiene agua, para apuntalar el trasvase Tajo-Segura y justificar la necesidad de otros nuevos, mientras aumentan las demandas de unos pocos.

Para ello, se ha subestimado el potencial de agua subterránea renovable de la cuenca del Segura puesto de manifiesto no solo en aquellos estudios hidrogeológicos de los años 70 y primeros de los 90 -que han sido ignorados en la actual proceso de planificación hidrológica-, sino también con la construcción y puesta en funcionamiento de la Batería Estratégica de Pozos de Sequía (BES) por el Estado Español en la pasada sequía 2004/2009 -en la que tuve la suerte de participar activamente en su perforación y puesta en marcha- y capaz de bombear más de 100 hm3/año con destino al abastecimiento público y al regadío.

Inversión de unos 50 millones de euros que permitió obtener agua subterránea de forma sostenible y compatible con el medio ambiente a un precio del orden de los 10 céntimos de euro el m3. Unos 80 pozos que, a pesar de la sequía actual, siguen parados y sin funcionar a día de hoy en su inmensa mayoría. Y no hay que olvidar, que fue precisamente la puesta en marcha de esos pozos, el primer punto del manifiesto reivindicativo de los regantes de Murcia y Alicante que se manifestaron el pasado día 7 de marzo en Madrid.

Pedían y en primer lugar, utilizar las herramientas que ya existen para superar la sequía en sus cultivos por la falta de agua del trasvase.

¿Por qué todavía no se ha puesto en funcionamiento la BES? Porque, y a mi modo de ver, si los murcianos y murcianas, los alicantinos y alicantinas, vieran que tienen agua suficiente, no pedirían el agua del trasvase ni de ningún otro trasvase: querrían la suya. Porque a ellos, y a cada vez a más, también les duele el Río Tajo y ver cómo las gentes de su cabecera se tienen que abastecer con camiones cisterna.

Pero nunca les dijeron que allí, en la propia cuenca del Segura, sí hay agua suficiente. Nunca les dijeron que el agua en Murcia hay que achicarla de los sótanos para que no se inunden los coches y que muchos pozos de dicho municipio son artesianos y surgentes. Es decir, que el agua sale de ellos sola sin necesidad de motores. 

Tampoco les dijeron que los acuíferos de la cuenca del Segura no están sobreexplotados sino todo lo contrario. Que cuando se mide su estado cuantitativo en puntos representativos (pozos que no bombean), como exige la Instrucción de Planificación Hidrológica, los acuíferos están estables y en equilibrio en el 95% de su territorio (19.025 km2) y así desde que se tiene registro histórico, en muchos casos desde hace más de 30 años.

Que no se puede decir con rigor que un acuífero está sobreexplotado cuando no se calcula el agua que tiene almacenada. Volumen de reservas que fue estimado por el IGME en más de 100.000 hm3 para el conjunto de la cuenca del Segura (100 veces mayor a la capacidad de todos sus pantanos) y que no ha sido incluido en su Plan Hidrológico.

Que tampoco se puede considerar que un acuífero está sobreexplotado cuando no se sabe su porcentaje de llenado o vaciado (como si se sabe, por ejemplo, en los de las islas Baleares).

Cuando no se han diferenciado acuíferos inferiores de los superiores (como si se han diferenciado, en cambio, en el Plan Hidrológico del Duero).

Cuando no se ha calculado una componente tan importante de la Recarga de dichos acuíferos como son las transferencias laterales entre ellos hasta salir al mar (algo que sí ha estimado el Plan Hidrológico del Júcar y en más de 500 hm3 anuales).

En definitiva, para avanzar en el desarrollo sostenible del conjunto del Estado preservando los caudales naturales de los ríos, necesitamos reorientar la política hidráulica de España hacia la “autosuficiencia hídrica” de cada cuenca hidrográfica.

El usos sostenible de los recursos renovables de las aguas subterráneas de la cuenca del Segura y el agua procedente de la desalación, podrían permitir en apenas tres años desconectar el Tajo del Segura.

Pienso que esa línea de actuación, la de la autosuficiencia hídrica de cada cuenca hidrográfica, debería ser prioritaria desde este mismo momento a la vista de los innecesarios impactos ambientales y sociales a los que ha llevado esa política trasvasista de hacer creer a la gente que su agua no está allí donde vive, sino a 300 kilómetros de distancia.

Por último, quiero agradecer a Greenpeace y especialmente a su Responsable de Campañas de Agua Julio Barea Luchena, por haberme dado voz publicando el informe.

Y dedicar el premio a dos mujeres. A mi madre, que me enseñó a confiar en mí mismo. Y a mi compañera Encarni, por su apoyo en todo momento. Ella fue quien me dijo: “Esto debe saberlo todo el mundo”.

Muchas gracias.


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